En la mayor parte de las instalaciones de fontanería de Zaragoza  en las que hemos trabajado durante los últimos años hemos instalado muchísimos más grifos monomando que los tradicionales de llaves separadas para el agua fría y la caliente. Su sencillez de manejo y su atractivo estético son probablemente dos de las razones que han llevado a este auge. Podríamos hablar de una tercera razón: su eficiencia, pero en honor a la verdad hemos de reconocer que muy pocos usuarios serían capaces de explicar por qué este tipo de griferías reducen el derroche de agua.

En la mecánica interna de los dos tipos de grifos encontramos la primera diferencia: Mientras que los tradicionales de llave tienen una junta de goma que impedía el paso del agua cuando estaba cerrado, en los monomando este bloqueo lo forman una serie de piezas de material cerámico que cierran el grifo de forma prácticamente hermética. Con el paso del tiempo, la junta de goma termina por desgastase dejando escapar una parte importante de agua.

Sin embargo, como bien hemos podido comprobar los técnicos de Fontanería Magil, las griferías de moda en las instalaciones de fontanería de Zaragoza, también tienen algunos inconvenientes: La mayor parte de las veces el mando del grifo se coloca centrado. Así, cada vez que lo abrimos, se enciende la caldera, y si cerramos el grifo sin haber dado tiempo a calentar el agua, algo muy habitual, habremos gastado combustible de forma inútil. Ocurre también que, cuando abrimos el grifo, desplazamos la palanca hasta alcanzar el tope obteniendo el máximo caudal cuando con un fino chorrito sería más que suficiente.